CAPITULO XVIII
Nuestras Vidas Privadas
Durante seis meses estuvo compartiendo el angosto espacio de su habitación con cinco personas. La doctora "G." era, según creo, la más interesante de todos los rehenes.
Nuestras Vidas Privadas
Durante seis meses estuvo compartiendo el angosto espacio de su habitación con cinco personas. La doctora "G." era, según creo, la más interesante de todos los rehenes.
Había sido médico en Transilvania, y sim embargo ella quería aceptar, hasta el extremo de que era positivamente peligroso para ella, el hecho de que ya no vivía su existencia anterior a los días de Auschwitz… Todas las tardes les hiba a contar que la blocova la había invitado a tomar el té, y describía aquello como si fuese uno de los tés elegantes de sociedad que conociera antes de la guerra.
Sin embargo cada una de ellas sabía que había sido el "té social" de la que mucho les hablaba.
Sin embargo a mi me entraba la pregunta de ¿Qué clase de té podría nadie tener en aquel lugar? Pero la doctora insistía en pintarles de color de rosa la escena, cuando se refería a su persona.
En cuanto caía en sus manos un libro de vulgarización que tratase de medicina, se ponía a estudiarlo vorazmente. No tenían verdaderos libros de medicina. Los únicos de que podían disponer eran folletos de uso familiar, en que se daban "consejos médicos".
La verdad era que los conocimientos elementales que poseían pudieran acaso bastarle en un ambiente en que el debido trato médico era imposible. Más tarde se le destinó al hospital de enfermedades contagiosas. Allí podía haber hecho mucho daño, porque no sabía distinguir las enfermedades que cada quien tenia.
Ya que su cuarta compañera de habitación, a la que mencionaré con la inicial "S.", era cirujana de primera clase, y en otro tiempo había sido la principal asistente del marido de la doctora…. Ya que la habían llevado al campo en compañía de sus cuatro hermanas, y era una verdadera mártir del cariño fraternal. Ellas llevaban en el campo la vida ordinaria de las prisioneras, es decir, padecían todas las penalidades y privaciones de un campo de concentración. S. sólo vivía para ellas: la suerte de sus hermanas no se apartaba un momento de su mente en todo el día.
Y asi fue describiendo a cada una de sus compañeras.
Afortunadamente, llegó el día de el santo de la doctora , y sus compañeras le hicieron el regalo de olvidarse de su falta de confianza o de su silencio con ellas.
Ya que recibió otro presente. L. que trajo un cepillo de dientes usado, al cual le faltaban las cerdas de un extremo; el preso a quien se lo había comprado por tres pedazos de pan lo había estado usando varios meses.
Afortunadamente, llegó el día de el santo de la doctora , y sus compañeras le hicieron el regalo de olvidarse de su falta de confianza o de su silencio con ellas.
Ya que recibió otro presente. L. que trajo un cepillo de dientes usado, al cual le faltaban las cerdas de un extremo; el preso a quien se lo había comprado por tres pedazos de pan lo había estado usando varios meses.
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