Toda nuestra
vida en el campo estaba caracterizada por el espíritu de resistencia;
resistencia era el pequeño “festival” de navidad que organizábamos en las
mismas barbas de nuestros amos; resistencia era el acto clandestino de pasar
cartas de un campo a otro conseguir reunir a dos miembros de la misma familia.
En diciembre
de 1944 ordenaron a las prisioneras rusas y polacas que entregaran a sus hijos,
la orden decía que iban hacer “evacuadas”. Las madres transidas de dolor,
colgaban cruces o improvisaban medallas para colgárselas en el cuello a sus
nenes, con objeto de poderlos reconocer más tarde, derramaban amargas lágrimas
y se abandonaban en la desesperación.
Algunos
miembros de la resistencia de nuestro campo trataron de hacer llegar a los
aliados alguna noticia de nuestra situación desesperada. Esperábamos que la
Royal Air Force o la Aviación Sobiética apareciera un día para destruir los
crematorios, había en la comarca algunos franco tiradores que operaban por su
cuenta; me dijeron que el explosivo utilizado más tarde para destruir los
crematorios había sido proporcionado por los guerrilleros, los paquetes de
explosivos no eran mayores que dos cajetillas de cigarros que podían esconderse
fácil mente en una blusa, los presos que trabajaban en las tierras de labor
desenterraron los paquetes del lugar y los introdujeron fraudulentamente estos
explosivos los habían mandado para volar el horrendo crematorio. Unos cuantos
de aquellos paquetes cayeron en manos de las S.S. provocó una reacción brutal, se
instalaron horcas, los cadáveres colgaban de ellos todos los días, siempre que
los alemanes sospechaban algo, se daba una orden frenética.
La muerte
siempre estaba con nosotros, porque podíamos entrar en cualquiera de las
selecciones que se realizaban cada día una sola inclinación de cabeza podría
significar para nosotros sentencia de muerte, al llegar tarde para pasar
revista da pie para que nos den un bofetón, sabíamos que teníamos que morir
para los que pasara, en la cámara de gas, nos incineraría, nos ahorcarían o
fusilaron. Comer y no debilitarse constituía también una forma de resistencia.
Vivíamos para resistir y resistíamos para vivir.
La doctora
Mitrovna, cirujana fue la primer mujer que había visto en mi vida, era una
mujer poderosa, de busto opulento, pelo oscuro y explosivos ojos castaños,
creaba en torno suyo una atmósfera de respeto nadie tenía mayor capacidad de
trabajo que esta mujer de 50 años. En noche buena se unió a nuestra celebración
y bailo con las enfermeras, aunque no tenía voz canto como niña, sin timidez
alguna. Las doctoras salvaban con su intervención quirurgica a muchas cautivas
y los alemanes mandaban a los pacientes a la cámara de gas. Yo estaba en un
hospital extraño de un campo de hombres y era mujer, de pronto una enfermera
dio la voz que el doctor Mengerle andaba por allí cerca, los doctores trataban
de dominar su miedo. Entonces los comprendí todo, aquella buena gente había
conseguido instrumentos anestésicos a cambio de sus raciones de comida y no
tenía mas remedio que esconderlo todo
precipitadamente si no querían ser castigados y hasta ejecutados por el delito
de ser compasivos. Me disponía a salir cuando vi unas mantas sobre la camilla
me envolví en una manta y salí corriendo, por fin encontré a Jacques, el
enfermo francés le dije que me había ordenado presentarme a el, se trepo a la
koia superior y cogió un pequeño paquete que había dejado en la cabeza de un
enfermo. Cuando llegue al campo el cristalero se había marchado al día
siguiente Jacques mando a otro gracias a lo cual pude por fin desentenderme de
aquel paquete de explosivo y me había complicado tanto la vida. Conocíamos a
unos cuantos miembros de la resistencia
porque era mejor así en caso de peligro, puede ocurrir y la doctora Mitrovna no
pertenecía a nuestro movimiento, pero había algo noble en su carácter, que me
hizo creer que estaba con nosotras, en todo.
El 7 de
octubre de 1944 una explosión ensordecedora conmovió el campo, el crematorio
había sido volado. Los alemanes perdieron completa mente la serenidad, bajo la
amenaza de sus fusiles, nos obligaron a regresar a nuestras barracas. Ya
estaban dirigiéndose al campo barios destacamentos de soldados, luego llegó la
infantería de la Wehrmacht seguida con transportes de municiones, los soldados
rodearon el crematorio y abrieron fuego de ametralladora. El grupo de
resistencia del Sonderkommando los esclavos de la cámara de gas, habían
consevido un plan para bolar los hornos la sublevación fue organizada por un
joven judío francés llamado David, como sabia que estaba condenado a muerte que
le quedaba poco tiempo de vida, consiguió los explosivos y los escondio.
Un horno que
había sido atestado de explosivos y regado de gasolina hizo explosivo, los
rebeldes no tuvieron tiempo de bolar los otros 3 el Sonderkommando aprovecho el
desorden, sus hombres cortaron la alambrada de púas y lograron fugarse del
campo algunos fueron atrapados pero otros lograron escapar. El Sonderkommando
resistió feroz mente, disponía de piedras, palos y unos cuantos revólveres para
luchar contra asesinos entrenados 430 fueron capturados vivos entre ellos David
que estaba herido mortalmente. Las represalias fueron horribles los guardias de
las S.S hicieron poner a los prisioneros a gatas, dos o tres guardias iban
descerrajando un tiro en la nuca a cada uno de ellos los que levantaban la
cabeza para ver si les llegaba ya el turno recibían 25 latigazos antes de ser
ejecutados. El doctor Mengerle perdió los estribos y descargo su revolver sobre
barios seleccionados que trataron huir de él. Los Sonderkommandos que no habían
tenido parte en la sublevación fueron fusilados por grupos en bosques cercanos,
así fue como pereció el doctor Pas che, el medico francés del Sonderkommando,
que abría sido miembro activo del movimiento de resistencia.
VALENTIN SANCHEZ IBARRA 206
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