martes, 21 de mayo de 2013

CAPITULO 20 LA RESISTENCIA



Toda nuestra vida en el campo estaba caracterizada por el espíritu de resistencia; resistencia era el pequeño “festival” de navidad que organizábamos en las mismas barbas de nuestros amos; resistencia era el acto clandestino de pasar cartas de un campo a otro conseguir reunir a dos miembros de la misma familia.
En diciembre de 1944 ordenaron a las prisioneras rusas y polacas que entregaran a sus hijos, la orden decía que iban hacer “evacuadas”. Las madres transidas de dolor, colgaban cruces o improvisaban medallas para colgárselas en el cuello a sus nenes, con objeto de poderlos reconocer más tarde, derramaban amargas lágrimas y se abandonaban en la desesperación.
Algunos miembros de la resistencia de nuestro campo trataron de hacer llegar a los aliados alguna noticia de nuestra situación desesperada. Esperábamos que la Royal Air Force o la Aviación Sobiética apareciera un día para destruir los crematorios, había en la comarca algunos franco tiradores que operaban por su cuenta; me dijeron que el explosivo utilizado más tarde para destruir los crematorios había sido proporcionado por los guerrilleros, los paquetes de explosivos no eran mayores que dos cajetillas de cigarros que podían esconderse fácil mente en una blusa, los presos que trabajaban en las tierras de labor desenterraron los paquetes del lugar y los introdujeron fraudulentamente estos explosivos los habían mandado para volar el horrendo crematorio. Unos cuantos de aquellos paquetes cayeron en manos de las S.S. provocó una reacción brutal, se instalaron horcas, los cadáveres colgaban de ellos todos los días, siempre que los alemanes sospechaban algo, se daba una orden frenética.
La muerte siempre estaba con nosotros, porque podíamos entrar en cualquiera de las selecciones que se realizaban cada día una sola inclinación de cabeza podría significar para nosotros sentencia de muerte, al llegar tarde para pasar revista da pie para que nos den un bofetón, sabíamos que teníamos que morir para los que pasara, en la cámara de gas, nos incineraría, nos ahorcarían o fusilaron. Comer y no debilitarse constituía también una forma de resistencia. Vivíamos para resistir y resistíamos para vivir.
La doctora Mitrovna, cirujana fue la primer mujer que había visto en mi vida, era una mujer poderosa, de busto opulento, pelo oscuro y explosivos ojos castaños, creaba en torno suyo una atmósfera de respeto nadie tenía mayor capacidad de trabajo que esta mujer de 50 años. En noche buena se unió a nuestra celebración y bailo con las enfermeras, aunque no tenía voz canto como niña, sin timidez alguna. Las doctoras salvaban con su intervención quirurgica a muchas cautivas y los alemanes mandaban a los pacientes a la cámara de gas. Yo estaba en un hospital extraño de un campo de hombres y era mujer, de pronto una enfermera dio la voz que el doctor Mengerle andaba por allí cerca, los doctores trataban de dominar su miedo. Entonces los comprendí todo, aquella buena gente había conseguido instrumentos anestésicos a cambio de sus raciones de comida y no tenía mas  remedio que esconderlo todo precipitadamente si no querían ser castigados y hasta ejecutados por el delito de ser compasivos. Me disponía a salir cuando vi unas mantas sobre la camilla me envolví en una manta y salí corriendo, por fin encontré a Jacques, el enfermo francés le dije que me había ordenado presentarme a el, se trepo a la koia superior y cogió un pequeño paquete que había dejado en la cabeza de un enfermo. Cuando llegue al campo el cristalero se había marchado al día siguiente Jacques mando a otro gracias a lo cual pude por fin desentenderme de aquel paquete de explosivo y me había complicado tanto la vida. Conocíamos a unos cuantos  miembros de la resistencia porque era mejor así en caso de peligro, puede ocurrir y la doctora Mitrovna no pertenecía a nuestro movimiento, pero había algo noble en su carácter, que me hizo creer que estaba con nosotras, en todo.
El 7 de octubre de 1944 una explosión ensordecedora conmovió el campo, el crematorio había sido volado. Los alemanes perdieron completa mente la serenidad, bajo la amenaza de sus fusiles, nos obligaron a regresar a nuestras barracas. Ya estaban dirigiéndose al campo barios destacamentos de soldados, luego llegó la infantería de la Wehrmacht seguida con transportes de municiones, los soldados rodearon el crematorio y abrieron fuego de ametralladora. El grupo de resistencia del Sonderkommando los esclavos de la cámara de gas, habían consevido un plan para bolar los hornos la sublevación fue organizada por un joven judío francés llamado David, como sabia que estaba condenado a muerte que le quedaba poco tiempo de vida, consiguió los explosivos y los escondio.
Un horno que había sido atestado de explosivos y regado de gasolina hizo explosivo, los rebeldes no tuvieron tiempo de bolar los otros 3 el Sonderkommando aprovecho el desorden, sus hombres cortaron la alambrada de púas y lograron fugarse del campo algunos fueron atrapados pero otros lograron escapar. El Sonderkommando resistió feroz mente, disponía de piedras, palos y unos cuantos revólveres para luchar contra asesinos entrenados 430 fueron capturados vivos entre ellos David que estaba herido mortalmente. Las represalias fueron horribles los guardias de las S.S hicieron poner a los prisioneros a gatas, dos o tres guardias iban descerrajando un tiro en la nuca a cada uno de ellos los que levantaban la cabeza para ver si les llegaba ya el turno recibían 25 latigazos antes de ser ejecutados. El doctor Mengerle perdió los estribos y descargo su revolver sobre barios seleccionados que trataron huir de él. Los Sonderkommandos que no habían tenido parte en la sublevación fueron fusilados por grupos en bosques cercanos, así fue como pereció el doctor Pas che, el medico francés del Sonderkommando, que abría sido miembro activo del movimiento de resistencia.   


VALENTIN SANCHEZ IBARRA 206

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