martes, 28 de mayo de 2013

CAPITULO 26 LA LIBERTAD



Los guardias de las S.S., nos conducían como un rebaño por la carretera de Auschwitz, Asia un frió intenso y el aire se nos clavaba como un cuchillo. El estruendo de poderosas armas de fuego fue asiéndose cada ves mayor. Los rusos estaban indudablemente desencadenando un asalto a fondo. Nos hacían caminar cada ves mas aprisa los guardianes alemanes estaban alarmados nos obligaron a andar tan aprisa que ya no sentíamos el frió eramos 6000 mujeres que caminábamos sobre la carretera rural cubierta de nieve, a cada pocos metros veíamos cadáveres que tenia la cabeza aplastada evidente mente, nos habían precedido otros grupos de prisioneros el primer día observe que varias de mis compañeras se amontonaban al borde de la carretera, rogando que se les permitiese subir a un carro arrastrado por caballos, luego advertí que de cuando a cuando el carro se quedaba rezagado de tras de la columna cuando reaparecía, las prisioneras que iban en el no eran las mismas, metemorise. La tragedia de la doctora Rozsa, la ansiana checa, me iso creer en la cuenta de la terrible y cruda verdad, su vitalidad iba decayendo sus fuerzas se extinguían rápidamente, me suplico que la abandonase y siguiese adelante, yo no quería dejarla pero me insistió, me paresia que la abandonaba a una suerte incierta, pero no a una muerte segura, 5 guardias de las S.S. venia detrás de las columnas, el de en medio hizo una aleman que significo asecinar a la doctora Rozsa. Entonces comprendi la prespectiba que esperaba a las que se iban rezagando o subían al carro de caballos caí en la cuenta de lo que significaba 119 cadáveres que había contado en solo 20 minutos de marcha no incluí los cuerpos tirados en las zanjas o cunetas de ambos lados de la carretera, los guardias de las S.S. estaban armados de ametralladoras  granadas de mano, tenían ordenes de liquidar a las 600 presas, en el caso de ser sorprendidos por un abanse ruso, para que los rusos no pudiesen liberar a ninguna. Vi que íbamos en línea recta hacia la muerte, fuimos pasando por varias aldeas polacas las casa tenían las ventanas cubiertas de cortinas , tras las cuales vivían jentes libres. Decidimos escapar de la columna mis amigas y yo (Magda y Lujza) echando a correr detrás del grupo de disidentes,  pero caminaban  a paso  rápido y no pudimos alcanzarlas, como todavía estaba oscuro, los guardias no habían observado nuestra maniobra. Magda y Lujza estaban asustadas, pero me fueron siguiendo los pasos. De vez en vez nos tirábamos al suelo o gateabamos por detrás de los montes de nieve para escapar de los alemanes, después de mucho caminar cuerpo a tierra y a gatas divisamos el campanario de una iglesia, hacia el nos dirigimos, había un hombre en la puerta, al ver nuestra pinta se dio cuenta que nos habíamos fugado, y non indico con la mano una casa, su gesto quería decir que podíamos encontrar allí un albergue. Una patrulla alemana se acercaba al patio de la iglesia, cuando vimos los soldados, nos abalanzamos hacia la casa, era una construcción bastante grande, junto al edificio mayor había un granero, la puerta estaba cerrada, pero había una pequeña brecha en una de sus paredes, parecía como si la Providencia nos la hubiera abierto para sacarnos de aquel apuro, nos colamos por ella, subimos al  pajar que estaba lleno casi hasta el tejado y nos escondimos en el bálago. Los patrulleros alemanes que habían visto sombras fugitivas, se lanzaron al patio, luego se aproximaron al granero, pero, no se porque motivo, decidieron desistir de la búsqueda. Apenas pudimos gozar un momento de nuestra buena suerte cuando sabio una criada al pajar y nos descubrió, tras ella llego su amo, el cual nos prometió que no diría nada a los alemanes. Su esposa que era buena mujer, nos trajo comida, hacia tanto tiempo que no comíamos manjares civilizados. A primera hora de la mañana siguiente, nuestro huésped nos despertó, teníamos que buscar un nuevo escondite. De pronto nos topamos con una patulla alemana, tuvimos suerte de que aquel mismo momento, cruso en el aire un cohete del ejersito ruso y los alemanes se tiraron a tierra, aprovechamos el momento para salir corriendo hacia la casa que seria nuestro refugio. El amo de ella nos permitio ocultarnos en el establo al día siguiente nos llevo a su mejor abitación, que era su alcoba allí se acorrucaron en las camas la vieja pareja su hija y Magda, mientras yo dormir con Lujza en el suelo el destino había dispuesto que yo, qué había sobrevivido a los horrores de un campo de concentración y sus evacuación presenciase la retirada de la Wehrmacht en derrota, porque al retirarse aquellos hombres se llevaron un gran nombre de numero de mujeres de la aldea, entre las cuales iba yo, durante tres días estuve atada de manos y como si fuera una esclava me obligaron a seguir caminando, no me volví loca gracias a lo que veían mis ojos según íbamos marchando. Las carreteras estaban atestadas de alemanes fujitivos y colaboradores suyos quienes después de tantos años de robar y saquear, apenas podían llevarse su botín, habían camiones qué transportaban cañones y ametralladoras caballos espantados y sin jinetes, salían locamente de estampida, aldeas enteras se desplomaban y los camiones de la cruz roja, tan temidos en Auschwitz trasladaban ahora alemanes eridos a territorio mas seguro.


VALENTIN SANCHES IBARRA 206
 

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