Los guardias
de las S.S., nos conducían como un rebaño por la carretera de Auschwitz, Asia un
frió intenso y el aire se nos clavaba como un cuchillo. El estruendo de
poderosas armas de fuego fue asiéndose cada ves mayor. Los rusos estaban
indudablemente desencadenando un asalto a fondo. Nos hacían caminar cada ves
mas aprisa los guardianes alemanes estaban alarmados nos obligaron a andar tan
aprisa que ya no sentíamos el frió eramos 6000 mujeres que caminábamos sobre la
carretera rural cubierta de nieve, a cada pocos metros veíamos cadáveres que
tenia la cabeza aplastada evidente mente, nos habían precedido otros grupos de
prisioneros el primer día observe que varias de mis compañeras se amontonaban
al borde de la carretera, rogando que se les permitiese subir a un carro
arrastrado por caballos, luego advertí que de cuando a cuando el carro se
quedaba rezagado de tras de la columna cuando reaparecía, las prisioneras que
iban en el no eran las mismas, metemorise. La tragedia de la doctora Rozsa, la
ansiana checa, me iso creer en la cuenta de la terrible y cruda verdad, su
vitalidad iba decayendo sus fuerzas se extinguían rápidamente, me suplico que
la abandonase y siguiese adelante, yo no quería dejarla pero me insistió, me
paresia que la abandonaba a una suerte incierta, pero no a una muerte segura, 5
guardias de las S.S. venia detrás de las columnas, el de en medio hizo una
aleman que significo asecinar a la doctora Rozsa. Entonces comprendi la
prespectiba que esperaba a las que se iban rezagando o subían al carro de
caballos caí en la cuenta de lo que significaba 119 cadáveres que había contado
en solo 20 minutos de marcha no incluí los cuerpos tirados en las zanjas o
cunetas de ambos lados de la carretera, los guardias de las S.S. estaban
armados de ametralladoras granadas de
mano, tenían ordenes de liquidar a las 600 presas, en el caso de ser
sorprendidos por un abanse ruso, para que los rusos no pudiesen liberar a
ninguna. Vi que íbamos en línea recta hacia la muerte, fuimos pasando por
varias aldeas polacas las casa tenían las ventanas cubiertas de cortinas , tras
las cuales vivían jentes libres. Decidimos escapar de la columna mis amigas y
yo (Magda y Lujza) echando a correr detrás del grupo de disidentes, pero caminaban a paso
rápido y no pudimos alcanzarlas, como todavía estaba oscuro, los
guardias no habían observado nuestra maniobra. Magda y Lujza estaban asustadas,
pero me fueron siguiendo los pasos. De vez en vez nos tirábamos al suelo o
gateabamos por detrás de los montes de nieve para escapar de los alemanes,
después de mucho caminar cuerpo a tierra y a gatas divisamos el campanario de
una iglesia, hacia el nos dirigimos, había un hombre en la puerta, al ver
nuestra pinta se dio cuenta que nos habíamos fugado, y non indico con la mano
una casa, su gesto quería decir que podíamos encontrar allí un albergue. Una
patrulla alemana se acercaba al patio de la iglesia, cuando vimos los soldados,
nos abalanzamos hacia la casa, era una construcción bastante grande, junto al
edificio mayor había un granero, la puerta estaba cerrada, pero había una
pequeña brecha en una de sus paredes, parecía como si la Providencia nos la
hubiera abierto para sacarnos de aquel apuro, nos colamos por ella, subimos al pajar que estaba lleno casi hasta el tejado y
nos escondimos en el bálago. Los patrulleros alemanes que habían visto sombras
fugitivas, se lanzaron al patio, luego se aproximaron al granero, pero, no se
porque motivo, decidieron desistir de la búsqueda. Apenas pudimos gozar un
momento de nuestra buena suerte cuando sabio una criada al pajar y nos descubrió,
tras ella llego su amo, el cual nos prometió que no diría nada a los alemanes.
Su esposa que era buena mujer, nos trajo comida, hacia tanto tiempo que no
comíamos manjares civilizados. A primera hora de la mañana siguiente, nuestro
huésped nos despertó, teníamos que buscar un nuevo escondite. De pronto nos
topamos con una patulla alemana, tuvimos suerte de que aquel mismo momento,
cruso en el aire un cohete del ejersito ruso y los alemanes se tiraron a
tierra, aprovechamos el momento para salir corriendo hacia la casa que seria
nuestro refugio. El amo de ella nos permitio ocultarnos en el establo al día
siguiente nos llevo a su mejor abitación, que era su alcoba allí se acorrucaron
en las camas la vieja pareja su hija y Magda, mientras yo dormir con Lujza en
el suelo el destino había dispuesto que yo, qué había sobrevivido a los
horrores de un campo de concentración y sus evacuación presenciase la retirada
de la Wehrmacht en derrota, porque al retirarse aquellos hombres se llevaron un
gran nombre de numero de mujeres de la aldea, entre las cuales iba yo, durante
tres días estuve atada de manos y como si fuera una esclava me obligaron a
seguir caminando, no me volví loca gracias a lo que veían mis ojos según íbamos
marchando. Las carreteras estaban atestadas de alemanes fujitivos y
colaboradores suyos quienes después de tantos años de robar y saquear, apenas
podían llevarse su botín, habían camiones qué transportaban cañones y
ametralladoras caballos espantados y sin jinetes, salían locamente de
estampida, aldeas enteras se desplomaban y los camiones de la cruz roja, tan
temidos en Auschwitz trasladaban ahora alemanes eridos a territorio mas seguro.
VALENTIN SANCHES IBARRA 206
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