lunes, 13 de mayo de 2013

los hornos de hitler capitulo 19


Las Bestias de Auschwitz

De todos los S.S. que había en ese campo, el que adquirió mayor notoriedad fue Joseph Kramer, "la bestia de Auschwitz y Belsen", que fue el Criminal No. 1 en el proceso de Luneburg…. Pero las internadas tenían escaso contacto con él. Como Comandante en Jefe de una gran parte del campo, rara vez abandonaba las oficinas de la administración, y se presentaba únicamente para realizar determinadas inspecciones o en ocasiones especiales.
ya que el hombre robusto….tenía el pelo oscuro cortado a la marinera, y sus ojos eran negros y penetrantes…. No se olvidaba fácilmente de las cosas….Tenía un andar pesado y sus maneras eran reposadas e imperturbables. Todo lo relativo a su personalidad le daba un aire de Buda.


Ya había sido reducido el número de prisioneros, pero todavía tenían 20,000 mujeres. Resultaba casi imposible trasladar aquel gran número de prisioneras a Alemania en tan poco tiempo. Sin embargo, la orden de Kramer se llevó a cabo en el periodo dispuesto.
En la tarde siguiente no quedaba nada en el No. 1, como no fuese el hospital con sus mil pacientes y su personal, incluyendo las que estábamos en la enfermería.
 Nadie se hacia ilusiones respecto a la suerte que nos esperaba a nuestros pacientes y a nosotras mismas.

Cuando terminó su  jornada de trabajo, se retiraron a su habitación, que entonces estaba en el antiguo urinario de la Barraca 13. Ellas ni siquiera pensaban en dormir.
 La doctora saco de los escondites sus cosas más preciadas de sus tesoros. Encontro entre ello una vela, que había estado reservando para alguna grande ocasión, y la prendio.
Al pálido fulgor de aquella luz, se pasaron la noche sin pegar los ojos, pensando todas en lo mismo, en la muerte que las acechaba desde el umbral de los primeros. Aunque soplaba el viento a través de las tablas destartaladas, creían que se iban a ahogar. Los aviones "enemigos" volaban por encima de sus cabezas. El campo estaba transido de bocinas y sirenas de alarma.

Acaso estaba la doctora  impresionada por su afabilidad y por el hecho de que a veces parecía sinceramente interesado en cada una de las enfermas. Muchas prisioneras eran sensibles a tales manifestaciones de benevolencia.
Ella no dudó en mandar millares de gente enferma al "hospital", pero también fui testigo de cómo salvó a algunas pacientes.



Nancy Gabriela Sixto Soto

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