lunes, 13 de mayo de 2013

los hornos de hitler capitulo 16


Especialmente les satisfizo la desaparición de los centinelas alemanes, que previamente montaban guardia a lo largo de las alambradas…. Ahora, los hombres y las mujeres de los campos contiguos tenían libertad relativa para intercambiar unas cuantas palabras a través de los vallados.
El espectáculo era para no olvidarlo jamás. Las parejas estaban separadas por una alambrada cargada de electricidad, cuyo contacto era mortal, por ligero que fuese… Se quedaban con las rodillas clavadas en la nieve a la sombra de los crematorios, y hacían "planes" para el futuro, comunicándose los últimos rumores.

Si, por lo menos, aquellas reuniones estuviesen autorizadas y, por tanto, careciesen de peligro... Pero tales citas estaban prohibidas todavía y se tenían todas las parejas y amigos ver a escondidas.
 A veces había algún centinela perverso o sádico, que esperaba media hora, y hasta una, adrede, a que las parejas aumentasen en número. Entonces, un tiro sobre el grupo no sería munición derrochada en balde.

Pero por lo visto los internados no prestaban atención a tal amenaza…. La naturaleza humana puede acostumbrarse a todo, aun a la presencia constante de la muerte…. Por un momento de gusto eran capaces de arrostrar cualquier peligro….ya que  ¡Eran tan raros los gustos y valía tan poco la vida en Auschiwitz-Birkenau!

En cuanto a los tatuajes que se hacían a las deportadas, la cosa daba que pensar.
La operación del tatuaje era llevada a cabo por deportados que prestaban servicios en el "Politische Buró" (Oficina Política). Utilizaban punzones aguzados de metal.

El color de la insignia variaba según la categoría del internado. Los "asociados", o sea, los saboteadores, las prostitutas, y cualquiera que intentase rehuir el trabajo, llevaban un triángulo negro. El triángulo verde estaba reservado a los criminales comunes. También había triángulos de color rosa y violeta, pero eran raros
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 Nancy Gabriela Sixto Soto

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