El problema
más angustioso a atender a nuestras compañeras era el que nos planteaba los
alumbramientos tanto la madre como la criatura eran mandados a la cámara de
gas, solo cuando el bebe no tenia probabilidades de seguir viviendo o cuando
nacía muerto se le perdonaba la vida a la madre. Los alemanes no querían que
viviesen los recién nacidos, si vivian también las madres tenían que morir. ¡¡cuantas
noches pasmos en vela pensando en este trágico dilema, al llegar la mañana las
madres y sus criaturas iban a morir. Teníamos que salvar a las madres, para
ello nuestra plan era simular que nos niños habían nacido muertos teníamos que
tomar precauciones, si los alemanes llegaban a sospecharlo también nosotros iríamos
a parar a la cámara de gas y la cámara de tortura primero.
En verdad
que carecíamos de antisépticos y había un gran peligro de infección,
desgraciadamente al recién nacido no le podía tocar otra suerte después de tomar
todo tipo de precauciones, cerrábamos con pinzas la nariz del infante y cuando abrían
la boca para respirar le suministrábamos una dosis de un producto mortal,
hubiese sido más rápido ponerle un inyección para pero podría dejar huella y
no podíamos levantar sospechas a los alemanes. Colocábamos al niño muerto en la
misma caja en que nos lo habían traído de la barraca, por lo que hacia a la administración
del campo aquello pasaría como el nacimiento de un niño muerto y así como los
alemanes nos convirtieron también en asecinas, hasta hoy mantengo el recuerdo
de esos bebes asecinados, nuestros hijos habían perecido en las cámaras de gas
y crema dos en los hornos de birkenau.
Sigo viendo
aquellos infantes del vientre de su madre, todavía siento el calor de sus
cuerpesitos en mis manos no salgo de mi asombro al ver lo bajo que aquellos
alemanes nos hacían caer, los alemanes advirtieron que los trenes sucesivos
eran extraordinariamente bajo el numero de embarazos que consignaban los infames, los médicos de
barraca tenían la obligación de dar cuenta de las embarazadas resivieron
ordenes rigurosas más de una vez, vi a los médicos desafiar todos los peligros
y certificar que una determinada mujer no estaba en estado, cuando sabían que
era falso.
Más tarde la
enfermería del campo se consiguió no sé cómo un producto farmacéutico que por
medio de una inyección provocaba partos prematuros. El numero de embarazos seguía
abajo los alemanes emplearon sus añagazas habituales anunciaron que las mujeres
en estado aun las judías que todavía seguían en vida, serian tratadas con
especial consideración, recibían una ración mayo de pan y sopa y dormían en una
barraca especial, prometiéndoles que serian tratadas a un hospital en cuanto
llegara la hora.
VALENTÍN SÁNCHEZ IBARRA
No hay comentarios:
Publicar un comentario