martes, 7 de mayo de 2013

CAPITULO 15 NACIMIENTOS MALDITOS



El problema más angustioso a atender a nuestras compañeras era el que nos planteaba los alumbramientos tanto la madre como la criatura eran mandados a la cámara de gas, solo cuando el bebe no tenia probabilidades de seguir viviendo o cuando nacía muerto se le perdonaba la vida a la madre. Los alemanes no querían que viviesen los recién nacidos, si vivian también las madres tenían que morir. ¡¡cuantas noches pasmos en vela pensando en este trágico dilema, al llegar la mañana las madres y sus criaturas iban a morir. Teníamos que salvar a las madres, para ello nuestra plan era simular que nos niños habían nacido muertos teníamos que tomar precauciones, si los alemanes llegaban a sospecharlo también nosotros iríamos a parar a la cámara de gas y la cámara de tortura primero.
En verdad que carecíamos de antisépticos y había un gran peligro de infección, desgraciadamente al recién nacido no le podía tocar otra suerte después de tomar todo tipo de precauciones, cerrábamos con pinzas la nariz del infante y cuando abrían la boca para respirar le suministrábamos una dosis de un producto mortal, hubiese sido más rápido ponerle un inyección para pero podría dejar huella y no podíamos levantar sospechas a los alemanes. Colocábamos al niño muerto en la misma caja en que nos lo habían traído de la barraca, por lo que hacia a la administración del campo aquello pasaría como el nacimiento de un niño muerto y así como los alemanes nos convirtieron también en asecinas, hasta hoy mantengo el recuerdo de esos bebes asecinados, nuestros hijos habían perecido en las cámaras de gas y crema dos en los hornos de birkenau.
Sigo viendo aquellos infantes del vientre de su madre, todavía siento el calor de sus cuerpesitos en mis manos no salgo de mi asombro al ver lo bajo que aquellos alemanes nos hacían caer, los alemanes advirtieron que los trenes sucesivos eran extraordinariamente bajo el numero de embarazos  que consignaban los infames, los médicos de barraca tenían la obligación de dar cuenta de las embarazadas resivieron ordenes rigurosas más de una vez, vi a los médicos desafiar todos los peligros y certificar que una determinada mujer no estaba en estado, cuando sabían que era falso.
Más tarde la enfermería del campo se consiguió no sé cómo un producto farmacéutico que por medio de una inyección provocaba partos prematuros. El numero de embarazos seguía abajo los alemanes emplearon sus añagazas habituales anunciaron que las mujeres en estado aun las judías que todavía seguían en vida, serian tratadas con especial consideración, recibían una ración mayo de pan y sopa y dormían en una barraca especial, prometiéndoles que serian tratadas a un hospital en cuanto llegara la hora.


VALENTÍN SÁNCHEZ IBARRA

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