Al mirara
hacia tras, yo también quiero olvidar, también anhelo la lus del sol, la paz y
la felicidad. Al escribir estas memorias personales e tratado de cumplir el
mandato que me confiaron los muchos compañeros de cautiverio en Auschwitz. ¡que
dios aya acojido en su senos sus desventuras almas! No haya infierno que pueda
igualarse al que ellos hubieron de padecer. Quiero que el mundo lea lo que he
escrito y se desidia a que esto no vuelva a ocurrir jamas, el 31 de diciembre de
1944 el alto mando de las S.S pidió al campo de Birkenau que le mandase un
informe general sobre los niños internados de los alemanes resolvió que
tenían que desaparecer y que debía de hacerlo rápidamente y abajo costo. Los
niños se tambaleaban en su marcha hacia la muerte guardaban silenció bajo los
latigazos y seguían adelante titiritando, encapases ya de llorar resignados,
exhaustos, aterrados. Era el ultimo día del año caían enormes copos oíamos las
ratas pero no podíamos hacer otra cosa mas que cerrar los ojos y resar porque llegase
la justicia, soy simplemente una mujer que padeció, que perdió a su marido, a
sus padres, a sus hijos y a sus amigos. Sin embargo cono si muchos internados
que supieron ser fieles a su dignidad humana hasta su fin, los nazis lograron
degradar los físicamente pero no de rebajarlos moralmente, gracias a estos
pocos, no he perdido totalmente mi fe en la humanidad si en la misma jungla de
Birkenau no todos fueran necesaria mente inhumanos con sus hermanos hombres,
indudablemente ay esperanzas y esta es la que me hace vivir.
VALENTIN SANCHES IBARRA 206
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