Durante
meses estuve buscando a mi marido cada vez que pasaba un camión de hombres me
acercaba a las alambradas y pasaba revista con los ojos a los prisioneros, en
mis sueños le veía trabajando en las minas o desmenuzan do piedras en la
cantera. Al cabo de 6 meses me entere que estaba trabajando en el campo de Buna
a unos pocos kilómetros de allí, era cirujano del hospital que estaba mucho
mejor equipado que el nuestro, desde entonces tenía ganas de verlo; llegue a
una solución, en el campo había un bloque para locos, los jefes del campo
habían dispuesto que, si las personas normales tenían que morir los lunáticos
debían vivir.
Dos o tres
veces por semana eran llevados a estaciones experimentales en Buna donde eran
regresado a Birkenau. Para los traslados se utilizaban ambulancias con cruces
rojas las llamábamos “camiones de la muerte” porque también transportaban a las
victimas a la cámara de gas, en aquellos traslados los locos eran acompañados
por miembros de personal del hospital.
En mi plan
había numerosos riesgos, en el primera yo no tenia nada que ver con la barraca
de los locos, para ello había enfermeras especiales a las cuales conocían los
guardias de la S.S. En cuanto se terminaban los experimentos, el material
humano era llevado a la cámara de gas.
Logre pasar una nota a mi marido, diciéndole que me esperase en el hospital de Buna, mi marido
me contesto y se negó a tal cosa describiéndome todos los peligros que había.
Sin embargo
añadió que debería por lo menos tomar las precauciones en efecto el jefe de la
“barraca de los locos” me podría ser útil. Des pues de muchos intentos logre un
lugar en el famosos carro de la muerte, el vehículo atravesó la población de
Auschwitz. Lo que vi por los cristales me dio una impresión de que estaba en
mundo irreal, los hombres andaban libremente por las calles, salían de las
iglesias, entraban en los establecimientos comerciales, las amas de casa hacían
sus compras, los niños jugaban, aquello no era posible yo debía estar soñando.
Los miembros
de la S.S. miraban por las ventanillas el espectáculo de las locas, unos de los
perturbados verdadero “musulman” estaba masturbándose todo el tiempo, dos
mujeres apretujándose haciendo el amor en el piso del vehículo, otro que fue
profesor de matemáticas en “polonia” mostraba con gesticulaciones que la guerra
podía ser reducido a una simple ecuación; x,y,z y v o sea Churchill, Roosevelt,
Stalin y Hitler.
La
ambulancia se detuvo habíamos llegado al hospital de Buna, unos cuantos
enfermeros se ofrecieron a ayudarnos a trasladar a los enfermos, después de
bajarlos pasamos por la sección de cirugía cuando se abrió una puerta, cuando
me encontré cara a cara con mi marido. Los enfermo eran llevados a loa sala de
experimentación allí se les inyectaba una sustancia nueva, se trataba de
producir en su sistema nervioso un shock. Los guardianes de la S.S. comían y
bebían en la oficina del director medico, logre reunirme con mi marido en la
sala de operaciones, los dos nos sentíamos tímidos y cohibidos, hasta el
extremo de no saber de qué hablar el primero logro hacerse fuerte y murmurar
unas palabras sobrias y rápidas, me contó lo que había sido de el, me suplico
que no volviese arriesgar mi vida intentando verlo de nuevo en Buna. Desde el
camión vi a mi marido estaba de pie a la puerta del hospital, es la ultima
vista que recuerdo de el. Mas tarde me entere e lo que había pasado, un
prisionero Francés me escribió disiendome que el campo de Buna había sido
evacuado mi marido se inclino para ayudar a un internado Francés que había
desmayado pero un guardia de la S.S. disparo en el acto contra los dos
matándolos.
VALENTIN SANCHEZ IBARRA 206