lunes, 3 de junio de 2013

CAPITULO 3 LA BARRACA 26



Llegamos frente al resiento al cual habíamos sido destinadas no ivamos hacer mas que esclavas eternamente hambrientas heladas a merced de los guardianes y sin el menos destello de esperanza seguíamos a nuestra guía hasta nuestro nuevo hogar “ la barraca 26” tanto birkenau como auschwitz son nombres infames que constituyen una mancha para la historia de la humanidad.
Auschwitz eran un campo de esclavos por muy duro que fuera este era mejor todavía que en birkenau en auschwitz había numerosas fabricas de guerra en pleno funcionamiento, los pricioneros destinados a trabajar allí  vivían en condiciones de singular privilejio. L a ingrata tarea de tratar a los que pronto iban hacer cadáveres y mas tarde cenizas estaba confiada a grupos llamados kommandos lo que tenia que hacer el personal encargado de birkenau era camuflar la verdadera razón de aquel campo la exterminación.
Cuando ya no eran considerados los internados de auschwitz eran mandados a birkenau  en los hornos “ la barraca 26”era una gran hangar de maderas toscas que habían sido unidas para formar una especie de establo nos decían: “ los animales sarnosos deben ser separados inmediatamente”. El interio estaba dividido en dos partes por una gran estufa de ladrillo de cada lado había tres fila de camastros eran jaulas de madera que llamábamos “ koias” se apretujaba de 16b a 20 personas un mes después nuestros amos nos proporcionaron mantas. Para complicar mas las cosas todavía el techo de la barraca estaba en un estado deplorable, cuando llovia el agua se filtraba y las pricioneras que estaban en  los camastros altos se inundaban. La sociedad de la barraca excedia a la imaginación mas poderosa teníamos que considerar mas la limpia era imposible cuando se albergaban de mil 400 a mil 500 mujeres, cuando no disponíamos de una escoba ni de un trapo ni cubeta. Mas difícil resulto el problema de los platos recibimos unas 20 basijas para 1500 personas nos dieron además una cubeta y perol con capacidad de 5 litros por la mañana teníamos que conformarnos con limpiar las vasijas para poner en ellas nuestras mezquinas raciones se azúcar de remolacha o margarina ante la idea de utilizar lo que en realidad no eran mas que basinicas por la noche pero el hambre obligaba y estábamos tan agotadas que eramos capases de comer todo.


VALENTIN SANCHEZ IBARRA

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