Llegamos
frente al resiento al cual habíamos sido destinadas no ivamos hacer mas que
esclavas eternamente hambrientas heladas a merced de los guardianes y sin el
menos destello de esperanza seguíamos a nuestra guía hasta nuestro nuevo hogar “
la barraca 26” tanto birkenau como auschwitz son nombres infames que constituyen
una mancha para la historia de la humanidad.
Auschwitz
eran un campo de esclavos por muy duro que fuera este era mejor todavía que en
birkenau en auschwitz había numerosas fabricas de guerra en pleno
funcionamiento, los pricioneros destinados a trabajar allí vivían en condiciones de singular privilejio.
L a ingrata tarea de tratar a los que pronto iban hacer cadáveres y mas tarde
cenizas estaba confiada a grupos llamados kommandos lo que tenia que hacer el
personal encargado de birkenau era camuflar la verdadera razón de aquel campo
la exterminación.
Cuando ya no
eran considerados los internados de auschwitz eran mandados a birkenau en los hornos “ la barraca 26”era una gran
hangar de maderas toscas que habían sido unidas para formar una especie de
establo nos decían: “ los animales sarnosos deben ser separados inmediatamente”.
El interio estaba dividido en dos partes por una gran estufa de ladrillo de
cada lado había tres fila de camastros eran jaulas de madera que llamábamos “
koias” se apretujaba de 16b a 20 personas un mes después nuestros amos nos
proporcionaron mantas. Para complicar mas las cosas todavía el techo de la
barraca estaba en un estado deplorable, cuando llovia el agua se filtraba y las
pricioneras que estaban en los camastros
altos se inundaban. La sociedad de la barraca excedia a la imaginación mas
poderosa teníamos que considerar mas la limpia era imposible cuando se albergaban
de mil 400 a mil 500 mujeres, cuando no disponíamos de una escoba ni de un
trapo ni cubeta. Mas difícil resulto el problema de los platos recibimos unas 20
basijas para 1500 personas nos dieron además una cubeta y perol con capacidad de
5 litros por la mañana teníamos que conformarnos con limpiar las vasijas para
poner en ellas nuestras mezquinas raciones se azúcar de remolacha o margarina
ante la idea de utilizar lo que en realidad no eran mas que basinicas por la
noche pero el hambre obligaba y estábamos tan agotadas que eramos capases de
comer todo.
VALENTIN SANCHEZ IBARRA
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