El
campamento estaba dividido por la “lagerstrasse” que era la avenida principal y
tenia unos 500 metros de largo, flanqueaba a ambos lados por 17 barracas, con
los números pares a la izquierda y los impares a la derecha. La barraca numero
uno era el deposito de los alimentos, la numero dos se destinaba a la
administración, alli también se hallaba la casa de la “Lageraeleste”, las
soberanas sin coronas era una joven maestra de kindergarten de una pequeña
ciudad checa los alemanes la habían elegido para desempeñar aquel cargo,
confiándole la autoridad mas alta sobre las internadas, reinaba como dueña y
señora absoluta de las 30 mil mujeres del campo. Se escogia entre las
prisioneras las policías femeninas del campo, su misión principal consistía en
hacer retirar a cuantos se acercaban demasiado a las alambradas para hablar con
las internadas. El personal de la cocina estaba integrado por 400 mujeres, no
comían el alimento corriente se preparaban sus comidas especiales, para su uso
personal retiraban gran parte de la comida destinada a todo el campo también se
apropiaban de las conservas y la margarina, no solo para consumirlas sino como
moneda de cambio. Cuando se les encontraba robando, se les obligaba a correr
dentro del campo durante horas y horas sin descansar, llevando en las manos
pesadas piedras, en medio de la cabeza se les hacia un corte de pelo en forma
de banda, los alemanes llamaba a esto Deporte. La mayor parte de nosotras,
llevábamos una vida animal pero las judías y las rusas eran tratadas con
crueldad, mientras que las alemanas gozaban de ciertos privilegios. Dos
barracas habían sido convertidas en lavabos, a través de cada una de ellas
pasaban dos tubos de metal que llevaban el
agua a las llaves, la daban una o dos veces al dia, y durante una o dos
horas eramos teóricamente libres para lavarnos, debíamos realizar nuestra
limpieza personal. Torturadas por la sed no desaprovechábamos jamas la ocasión
de cambiar nuestras porciones de pan o margarina por medio cuartillo de agua,
el agua que fluia por aquellos tubos roñosos de los lavabos apestaba, tenia un
color sumamente sospechosos, difícilmente podría decirse que era agua potable,
aquella agua era mejor que la de la lluvia que se remansaba en los charcos
algunas internas sorvian el fango como perros y morían había dos fosas
destinadas a evacuatorios cada una de ellas contaba de una trinchera
pavimentada de cerca de un metro de profundidad sin embargo la presipitacion
estaba a la orden del día habría un gran numero de prisioneras que parecian
entiritis crónica, a esta enfermedad se debía la inmundicia que había al
rededor de los evacuatorios, las afectadas no podían resistir mas y hacían sus
necesidades junto a las barracas, si las vigilantes las descubrían eran
golpeadas brutalmente.
VALENTIN SANCHEZ IBARRA
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