lunes, 3 de junio de 2013

CAPITULO 6 EL CAMPAMENTO



El campamento estaba dividido por la “lagerstrasse” que era la avenida principal y tenia unos 500 metros de largo, flanqueaba a ambos lados por 17 barracas, con los números pares a la izquierda y los impares a la derecha. La barraca numero uno era el deposito de los alimentos, la numero dos se destinaba a la administración, alli también se hallaba la casa de la “Lageraeleste”, las soberanas sin coronas era una joven maestra de kindergarten de una pequeña ciudad checa los alemanes la habían elegido para desempeñar aquel cargo, confiándole la autoridad mas alta sobre las internadas, reinaba como dueña y señora absoluta de las 30 mil mujeres del campo. Se escogia entre las prisioneras las policías femeninas del campo, su misión principal consistía en hacer retirar a cuantos se acercaban demasiado a las alambradas para hablar con las internadas. El personal de la cocina estaba integrado por 400 mujeres, no comían el alimento corriente se preparaban sus comidas especiales, para su uso personal retiraban gran parte de la comida destinada a todo el campo también se apropiaban de las conservas y la margarina, no solo para consumirlas sino como moneda de cambio. Cuando se les encontraba robando, se les obligaba a correr dentro del campo durante horas y horas sin descansar, llevando en las manos pesadas piedras, en medio de la cabeza se les hacia un corte de pelo en forma de banda, los alemanes llamaba a esto Deporte. La mayor parte de nosotras, llevábamos una vida animal pero las judías y las rusas eran tratadas con crueldad, mientras que las alemanas gozaban de ciertos privilegios. Dos barracas habían sido convertidas en lavabos, a través de cada una de ellas pasaban dos tubos de metal que llevaban el       agua a las llaves, la daban una o dos veces al dia, y durante una o dos horas eramos teóricamente libres para lavarnos, debíamos realizar nuestra limpieza personal. Torturadas por la sed no desaprovechábamos jamas la ocasión de cambiar nuestras porciones de pan o margarina por medio cuartillo de agua, el agua que fluia por aquellos tubos roñosos de los lavabos apestaba, tenia un color sumamente sospechosos, difícilmente podría decirse que era agua potable, aquella agua era mejor que la de la lluvia que se remansaba en los charcos algunas internas sorvian el fango como perros y morían había dos fosas destinadas a evacuatorios cada una de ellas contaba de una trinchera pavimentada de cerca de un metro de profundidad sin embargo la presipitacion estaba a la orden del día habría un gran numero de prisioneras que parecian entiritis crónica, a esta enfermedad se debía la inmundicia que había al rededor de los evacuatorios, las afectadas no podían resistir mas y hacían sus necesidades junto a las barracas, si las vigilantes las descubrían eran golpeadas brutalmente.


VALENTIN SANCHEZ IBARRA

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