Hasta dos
dias después de quedar instaladas en las koias, recibíamos nuestra primera
comida matutina, una taza de liquido negruzco café o te, no estaban azucaradas,
al mediodía tomabamos sopa, su olor resultaba repugnante, n o teníamos mas
remedio que taparnos la nariz para poder consumir nuestra racion, teníamos que
comer y dominar nuestro asco, por la
tarde recibíamos el pan una racion de seis onzas y media, era pan negro con una
proporción extraordinariamente alta de serrin . Me desconcertaba ver a una
mujer buena e inteligente agacharse sobre un charco de agua y beber con
ansiedad, para aplacar su sed, no podía ignorar el peligro que corria al beber
aquel liquido impuro, la muerte no significaba mas que una liberación . Los
gritos de las enfermas y de los heridos,
nos atacaban los nervios y hacían nuestra vida mas desgraciada todavía, a v
eces oíamos tiros de revolver que los guardianes de las S. S. utilizaban a
placer se escuchaban las ordenes transmitidas a gritos. Dos días después de haber llegado se nos dieron
tarjetas postales para informar a las personas que habíamos dejado atrás que
estábamos en buen estado de salud, pero se nos obligo a mentir, el truco de las
tarjetas postales, había surtido efecto, se había engañado a las familias de
los prisioneros. Las maderas habían sido clavadas por manos torpes y se abrían fácilmente cuando en ellas
cargaba un peso o una presión excesiva y aplastada a unas 60 mujeres, cada
accidente ocasionaba muchas lesiones y fracturas, a v eces teníamos 8 y hasta
10 accidentes de estev tipo en una sola noche. En una de las primeras noches, la blocova nos reunio a todas para
que presenciásemos la deplorable conducta de una prisionera que padecia
dearrea, se echo a temblar como a un niño a quien pescaban haciendo una
travesura y se excuso en términos implorantes. La jefa de nuestra barraca una
polaca llamada Irka, me dijo que las
llamas que salían de la panadería eran del horno del crematorio, y que asi tenia que llamarlo. Cada vez que llegaba un
tre nuevo, los hornos no mdaban abasto en sum trabajo, y lo muertos tienen que
esperar uno mo dos días a ser quemados, primero queman a los que no pueden
utilizar, a los niños y a los viejos.
Con impaciencia espera a que llegara la mañana, había decidido costase
lo que costase ver a mi marido, aunque me llevo tiempo encontrarlo, lo localice
la sorpresa que me lleve fue dolorosa cuando lo vi de nuevo, tenia un aspecto
desastroso, sucio y harapiento, rostro
demacrado, le habían afeitado la cabeza y estaba vestido con uniforme de
criminal; el también me miro con ojos que no daban crédito a lo que veian,no se
expreso con presicion; 20 años de intenso esfuerzo, de trabajo, y de ilusión
por el porvenir, para terminar allí, siendo esclavos del Tercer Reich. En aquel
momento dos guardias alemanes nos vieron, nos dieron golpes salvajes y
latigazos se nos empujo a cada uno hacia su bloque, ni siquiera tuvimos tiempo
de decirnos adiós. Al dia siguiente los hombres fueron trasladados del campo.
VALENTIN SANCHEZ IBARRA
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