lunes, 3 de junio de 2013

CAPITULO 4 LAS PRIMERAS IMPRECIONES



Hasta dos dias después de quedar instaladas en las koias, recibíamos nuestra primera comida matutina, una taza de liquido negruzco café o te, no estaban azucaradas, al mediodía tomabamos sopa, su olor resultaba repugnante, n o teníamos mas remedio que taparnos la nariz para poder consumir nuestra racion, teníamos que comer y dominar  nuestro asco, por la tarde recibíamos el pan una racion de seis onzas y media, era pan negro con una proporción extraordinariamente alta de serrin . Me desconcertaba ver a una mujer buena e inteligente agacharse sobre un charco de agua y beber con ansiedad, para aplacar su sed, no podía ignorar el peligro que corria al beber aquel liquido impuro, la muerte no significaba mas que una liberación . Los gritos de  las enfermas y de los heridos, nos atacaban los nervios y hacían nuestra vida mas desgraciada todavía, a v eces oíamos tiros de revolver que los guardianes de las S. S. utilizaban a placer se escuchaban las ordenes transmitidas a gritos. Dos  días después de haber llegado se nos dieron tarjetas postales para informar a las personas que habíamos dejado atrás que estábamos en buen estado de salud, pero se nos obligo a mentir, el truco de las tarjetas postales, había surtido efecto, se había engañado a las familias de los prisioneros. Las maderas habían sido clavadas por manos  torpes y se abrían fácilmente cuando en ellas cargaba un peso o una presión excesiva y aplastada a unas 60 mujeres, cada accidente ocasionaba muchas lesiones y fracturas, a v eces teníamos 8 y hasta 10 accidentes de estev tipo en una sola noche. En una de las primeras  noches, la blocova nos reunio a todas para que presenciásemos la deplorable conducta de una prisionera que padecia dearrea, se echo a temblar como a un niño a quien pescaban haciendo una travesura y se excuso en términos implorantes. La jefa de nuestra barraca una polaca llamada Irka,  me dijo que las llamas que salían de la panadería eran del horno del crematorio, y que asi  tenia que llamarlo. Cada vez que llegaba un tre nuevo, los hornos no mdaban abasto en sum trabajo, y lo muertos tienen que esperar uno mo dos días a ser quemados, primero queman a los que no pueden utilizar, a los niños y a los viejos.  Con impaciencia espera a que llegara la mañana, había decidido costase lo que costase ver a mi marido, aunque me llevo tiempo encontrarlo, lo localice la sorpresa que me lleve fue dolorosa cuando lo vi de nuevo, tenia un aspecto desastroso,  sucio y harapiento, rostro demacrado, le habían afeitado la cabeza y estaba vestido con uniforme de criminal; el también me miro con ojos que no daban crédito a lo que veian,no se expreso con presicion; 20 años de intenso esfuerzo, de trabajo, y de ilusión por el porvenir, para terminar allí, siendo esclavos del Tercer Reich. En aquel momento dos guardias alemanes nos vieron, nos dieron golpes salvajes y latigazos se nos empujo a cada uno hacia su bloque, ni siquiera tuvimos tiempo de decirnos adiós. Al dia siguiente los hombres fueron trasladados del campo. 



VALENTIN SANCHEZ IBARRA



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