lunes, 3 de junio de 2013

CAPITULO 2 LA LLEGADA



Esperábamos ser sacados del bagon sin mas demora pero no fue asi teníamos que pasar todavía la octava noche en el tren apilados lo vivos ensima de otros para evitar el contacto con los cadáveres en descomposición fuera de los bagones había un bosque de alambradas con puas que estaba iluminado por reflectores poderosos al poco tiempo un oficial que nos enteramos era el comandante del campo vino a resibirnos bajo su custodia las mujeres fueron colocadas a un lados y los hombres a otro de 5  en fondo se nos notifico que estaban destinadas las ambulancias al transporte de los enfermos pero la realidad era para llevarlos a las cámaras de gas y de allí a los crematorios en cuanto salimos del bagon del ganada mi madre, mis hijos y yo quedamos separados de mi padre y de mi esposo ahora estábamos formado en columnas que se extendían hasta centenares de metros, el tren había descargado de 4 a 5 mil pasajeros nos escogieron unos a la derecha y otros la  izquierda aquella fue la primera “ selección”  en la cual se separaron los prisioneros que iban hacer sacrificados para después mandarlos a los crematorios a los niños y a los viejos se les ordenaba a la izquierda, cuando se despedían se oian gritos desesperados y llantos frenéticos  si pretendían resistirse los viejos como los jóvenes los golpeaban sin compasión los guardias de las S.S. nos llego el turno mi madre, mis hijos y yo avanzamos hacia los seleccionadores. El seleccionador iso una seña a mi madre y a mi para que nos incorporaramos al grupo de los adultos mando a mi hijo mas pequeño con los niños y los ancinos lo cual equivaleria  a su exterminación inmediata, ante Arved mi hijo mayor se quedo indeciso, a mi madre y a mi hijo Arved los condenaron a la muerte.
Los campos se hallaban separados por terraplenes de un metro, encima de ellos había tres hileras de alambradas con puas, cargadas con fluido eléctrico al entrar en los terrenos del campamento y pasar por distintos campos distinguidos edificios de madera, las alambradas que rodeaban estas estructuras paresian jaulas encerradas en estas habían mujeres cubiertas con miserables harapos con las cabezas rapadas y los pies descalzos, mendingando un mendrugo de pan o un chal para cubrir sus desnudes. De pronto apareció en medio de aquel rebaño humano una mujer corpulenta y bien vestida con un garrote macizo soltaba golpes siniestra y adiestra sobre las que se interponían en su camino. Luego un pelotón de soldados nos metió a empujones, nos encontraron en el interior de un especie de hangar, nos convirtieron en un grupo tan compacto que era verdaderamente doloroso tratar de moverse, se serraron las grandes puertas nos ordenaron desnudarnos, nos sentimos asaltadas por las sensaciones mas extrañas, nos habíamos probeido de capsulas de veneno, por si se ponían las cosas peores al despojarnos de cuanto teníamos los alemanes no estaban exigiendo también estos venenos. Se nos ir a los baños, teníamos que pasar a otra habitación completamente desnudas a excepción de los zapatos y no sabia donde ocultar mi veneno teníamos que abrir las manos mientras nos inspeccionaban. Logre esconder mi mayor tesoro el veneno, en una abertura del forro de mis botas, las que pretendían quedarse con sus papeles fotos, libros de rezo,  los guardianes las golpeaban o las tiraban del pelo tan brutalmente y terminaba por desplomarse al suelo se nos sometio a un reconocimiento a fondo según los nazis aun examen oral rectal y vaginal teníamos que tendernos en una mesa desnudas para dejarnos tantear por ellos en presencia de soldados borrachos que hacían muecas y sonrisas obscenas se nos empujo a otra habitación donde nos esperaban hombres y mujeres armados de tijeras y maquinillas para cortar el pelo nos iban a rapar y depilar, el cabello cortado era recogido en grandes sacos para ser utilizado de alguna manera, era una de las materias primas mas valiosas que necesitaba la industria alemana se nos empujo como un rebaño a la estancia de duchas fuimos pasando en rueda bajo las regaderas que nos mojaban con un hilo de agua caliente, en todo aquello no empleábamos mas que un minuto luego nos espolvorearon con desinfectante la cabeza y las partes corrientes del cuerpo no estábamos secas todavía cuando nos isieron parar a la tercera habitación, allí fue donde resibimos nuestra ropa carcelaria, no tengo palabras para describir los extraños harapos que se nos dio como ropa intima, la indumentaria surgiría también una mascarada grotesca, había unas cuantas blusas del material a rayas destinado a los presos.


VALENTIN SANCHEZ IBARRA

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