Esperábamos
ser sacados del bagon sin mas demora pero no fue asi teníamos que pasar todavía
la octava noche en el tren apilados lo vivos ensima de otros para evitar el
contacto con los cadáveres en descomposición fuera de los bagones había un
bosque de alambradas con puas que estaba iluminado por reflectores poderosos al
poco tiempo un oficial que nos enteramos era el comandante del campo vino a
resibirnos bajo su custodia las mujeres fueron colocadas a un lados y los
hombres a otro de 5 en fondo se nos
notifico que estaban destinadas las ambulancias al transporte de los enfermos
pero la realidad era para llevarlos a las cámaras de gas y de allí a los
crematorios en cuanto salimos del bagon del ganada mi madre, mis hijos y yo
quedamos separados de mi padre y de mi esposo ahora estábamos formado en
columnas que se extendían hasta centenares de metros, el tren había descargado
de 4 a 5 mil pasajeros nos escogieron unos a la derecha y otros la izquierda aquella fue la primera “ selección” en la cual se separaron los prisioneros que
iban hacer sacrificados para después mandarlos a los crematorios a los niños y
a los viejos se les ordenaba a la izquierda, cuando se despedían se oian gritos
desesperados y llantos frenéticos si
pretendían resistirse los viejos como los jóvenes los golpeaban sin compasión
los guardias de las S.S. nos llego el turno mi madre, mis hijos y yo avanzamos
hacia los seleccionadores. El seleccionador iso una seña a mi madre y a mi para
que nos incorporaramos al grupo de los adultos mando a mi hijo mas pequeño con
los niños y los ancinos lo cual equivaleria a su exterminación inmediata, ante Arved mi
hijo mayor se quedo indeciso, a mi madre y a mi hijo Arved los condenaron a la
muerte.
Los campos
se hallaban separados por terraplenes de un metro, encima de ellos había tres
hileras de alambradas con puas, cargadas con fluido eléctrico al entrar en los
terrenos del campamento y pasar por distintos campos distinguidos edificios de
madera, las alambradas que rodeaban estas estructuras paresian jaulas
encerradas en estas habían mujeres cubiertas con miserables harapos con las
cabezas rapadas y los pies descalzos, mendingando un mendrugo de pan o un chal
para cubrir sus desnudes. De pronto apareció en medio de aquel rebaño humano
una mujer corpulenta y bien vestida con un garrote macizo soltaba golpes
siniestra y adiestra sobre las que se interponían en su camino. Luego un
pelotón de soldados nos metió a empujones, nos encontraron en el interior de un
especie de hangar, nos convirtieron en un grupo tan compacto que era
verdaderamente doloroso tratar de moverse, se serraron las grandes puertas nos
ordenaron desnudarnos, nos sentimos asaltadas por las sensaciones mas extrañas,
nos habíamos probeido de capsulas de veneno, por si se ponían las cosas peores
al despojarnos de cuanto teníamos los alemanes no estaban exigiendo también estos
venenos. Se nos ir a los baños, teníamos que pasar a otra habitación
completamente desnudas a excepción de los zapatos y no sabia donde ocultar mi veneno
teníamos que abrir las manos mientras nos inspeccionaban. Logre esconder mi
mayor tesoro el veneno, en una abertura del forro de mis botas, las que
pretendían quedarse con sus papeles fotos, libros de rezo, los guardianes las golpeaban o las tiraban del
pelo tan brutalmente y terminaba por desplomarse al suelo se nos sometio a un
reconocimiento a fondo según los nazis aun examen oral rectal y vaginal
teníamos que tendernos en una mesa desnudas para dejarnos tantear por ellos en
presencia de soldados borrachos que hacían muecas y sonrisas obscenas se nos
empujo a otra habitación donde nos esperaban hombres y mujeres armados de
tijeras y maquinillas para cortar el pelo nos iban a rapar y depilar, el
cabello cortado era recogido en grandes sacos para ser utilizado de alguna
manera, era una de las materias primas mas valiosas que necesitaba la industria
alemana se nos empujo como un rebaño a la estancia de duchas fuimos pasando en
rueda bajo las regaderas que nos mojaban con un hilo de agua caliente, en todo
aquello no empleábamos mas que un minuto luego nos espolvorearon con
desinfectante la cabeza y las partes corrientes del cuerpo no estábamos secas
todavía cuando nos isieron parar a la tercera habitación, allí fue donde
resibimos nuestra ropa carcelaria, no tengo palabras para describir los extraños
harapos que se nos dio como ropa intima, la indumentaria surgiría también una
mascarada grotesca, había unas cuantas blusas del material a rayas destinado a
los presos.
VALENTIN SANCHEZ IBARRA
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