Durante algunas semanas, no hubo medios para atender a los enfermos…ya que no se había organizar ningún hospital para los servicios médicos, ni podían disponer de productos de farmacia.
A la esposa del doctor lenguiel la nombraron miembro del personal de la enfermería…Poco después de la llegada, se armo de valor para suplicarle al doctor Klein, que fuera el jefe médico de las S.S. del campo, que le permitiera hacer algo para aliviar a los padecimientos de cada una de sus compañeras…pero rechazó su propuesta que le hiso bruscamente, porque estaba prohibido dirigirse a un doctor de las S.S. sin autorización…pero sin embargo al final de cuentas la mando a llamar para informarle que era la nueva encargada de los doctores…Todas las internadas que tenían algún conocimiento médico se tenían que presentar…Muchas se prestaron voluntariamente.
Sin embargo, durante mucho tiempo no tuvieron más que de las dos pequeñas habitaciones. La única luz que tenían procedía del pasillo; no había agua, y resultaba difícil mantener limpio el suelo de madera, aunque lo lavaban dos veces al día con agua fría.
El total de internadas del campo de la doctora ascendía a treinta o cuarenta mil mujeres.
Las consultas se sucedían sin interrupción desde el amanecer hasta las tres de la tarde, hora en que se tenían que detener para descansar un poco…ya que Dedicaban aquel tiempo a su comida, si había quedado alguna, y a limpiar el suelo y los instrumentos…Operában hasta las ocho de la noche. A veces, tenían que trabajar también durante la noche. Estaban literal mente abrumadas por el peso de cada uno de su tarea. Confinadas a una cabaña, sin la más mínima brisa de aire fresco, sin hacer ejercicio físico y sin gozar del suficiente descanso, no veían cuándo podrían descansar un poco.
Nancy Gabriela Sixto Soto
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