Aquella inactividad obligatoria estaba a punto de volvernos locas, era víctima de calenturas y ataques de tos, pesque un resfriado al comenzar el verano.
Un día me cubrí la espalda con un pedazo de ojeada tela de lana que me presto una vecina. Magda, una de mis amigas que tenia anginas, abrigamos la esperanza de que la führerin la aborrecible Hasse, no notara nada de particular.
Pero aquello siquiera nos dio resultado Hasse advirtió los cambios que aviamos introducido en nuestro vestido. Era una infracción grave nos golpeo cuanto le dio la gana, de esta manera nos condenaba a muerte, entre las seleccionadas había unas cuantas docenas de nuestra barraca.
La stubendiensts nos acorralaron a la salida del campo y nos ordenaron permanecer allí y esperar el camión que nos llevaría a la cámara de gas .
Mis compañeras creían que todas aquellas historias eran rumores fantásticos me costaba creer que la selección equivalía a la cámara de gas, muchas otras se avían enterado del secreto según esperábamos a que llegase, las stubendiensts y las internada alemanas se cogieron de la mano y formaron un circulo entorno a nosotros murmure a los oídos de Magda unas palabras sobre que debíamos huir.
valentin sanchez ibarra
No hay comentarios:
Publicar un comentario