lunes, 29 de abril de 2013

LOS HORNOS DE HITLER 8



Ellas lograron pasar unos cuantos días interminables. Cada una de la inactividad obligatoria estaba a punto de volverlas locas. El único trabajo que realizaron al día era asistir a las formaciones.
La esposa del doctor había quedado más delgada que un esqueleto; era víctima de calenturas y ataques de tos… Siempre estaba sintiendo escalofríos… Se enfermo de  un resfriado al comenzar el verano, cuando llovía y el tiempo era fresco. Un día en que se sentí más enferma que otras veces, se cubrí la espalda con un pedazo de  tela de lana que le prestó una vecina.
 La vestidura que tenían era una infracción grave de la disciplina… las  golpeó cuanto le dio la gana, y todavía las designó para la "selección", porque, por lo visto, no había satisfecho su venganza. De esta manera las condenaba a muerte por un desgraciado pecado.
 
Aquel día particular, entre las seleccionadas había unas cuantas docenas de las personas de el grupo de la esposa del doctor lenguiel…Les ordenaron permanecer allí y esperar. El camión que las iba a trasladar a la cámara de gas no había llegado todavía.
Durante muchos días, las selecciones, la cámara de gas y las estufas u hornos del crematorio habían sido objeto de largas discusiones.

Con frecuencia se preguntaba la esposa del doctor… ¿Qué actitud debería adoptar con respecto a las que no querían creer que existían cámaras de gas y crematorios? ¿Debería dejarlas con su idea de que aquello no era más que patrañas inventadas, instrumento cruel que manejaban las sádicas blocovas para amedrentarnos? ¿No sería mi obligación informar a mis compañeras de cautiverio?
El cambio de indumentaria despertó algunas sospechas…Ella  estaba segura de que Hasse no la iba a reconocer entre un total de 40,000 presas… Sin embargo, le pareció conveniente que no la viera en las trazas que tenía antes.
Pero su tranquilidad calmó a la mayor parte de sus compañeras, no pasó lo mismo con Irka, la blocova… después, la despertó al amanecer la Stubendienst que la blocova tenía como criada personal.

Por la mañana, recibió dos zapatos pertenecientes a distintos pares, ambos para el pie izquierdo, los dos hechos tiras y casi sin suelas.
Pero no se atrevía a quejarse. No había cerrado un mal trato.
Nancy Gabriela Sixto Soto

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