lunes, 29 de abril de 2013

LOS HORNOS DE HITLER 11




Dentro de sus muros almacenaban las ropas y demás pertenencias quitadas a los deportados cuando llegaban a la estación, o cuando se iban a duchar, o en el vestíbulo del crematorio… "Canadá" contenía una riqueza considerable, porque los alemanes habían animado a los deportados a que se llevasen sus objetos de valor… Esta invitación indirecta resultó mucho más eficaz que si hubiesen indicado directamente a las víctimas que se llevasen sus joyas.
 En realidad muchos deportados se llevaban cuanto podían, con la esperanza de ganarse algunos favores a cambio de sus objetos de valor…
En los equipajes se encontraban un poco de todo: tabaco, chamarras de piel, jamón ahumado y hasta máquinas de coser.

A los numerosos objetos quitados a los deportados o sustraídos de sus equipajes, se añadía el pelo de las víctimas, procedente de los rapados de vivos y cadáveres… Entre los artículos almacenados en el Canadá que más dolorosamente se impresionaron, había una fila de coches de niño, que me trajeron al pensamiento a todos los desgraciados párvulos que los alemanes habían ejecutado… Otra sección emocionante era la destinada a los zapatos de niños y juguetes, que siempre estaba bien abastecida.

Los checos eran los únicos que recibían regularmente paquetes de sus familias, por lo menos durante cierto tiempo… Aprovechaban los permisos oficiales que se les concedían para solicitar toda clase de pertenencias útiles, sobre todo lana para tejer, con la que se confeccionaban prendas de abrigo, bien para su uso personal bien para el mercado negro.
Todo el mundo sabía que se aproximaba el fin del campo checo… Podría ser cosa de un día más, acaso de unas cuantas horas solamente…la joven pareja a solas en su habitación… Las demás internadas se plantaron por la parte de afuera para vigilar, que no se presentase de repente algún alemán.
Mientras se llevaba a cabo la revista rutinaria de la tarde, los checos fueron obligados a entregar su calzado…Aquélla era una señal inequívoca.
Los primeros rayos del sol revelaron, esparcidos por el suelo del campo checo, unos cuantos objetos abandonados: un rebojo de pan, una muñeca de trapo y algunas prendas de vestir… Aquello fue todo lo que quedó de la aldea checa de ocho mil almas, que tan corta vida habían tenido.
Nancy Gabriela Sixto Soto

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